Las olvidadas encías
Las encías sangran, se inflaman o
adquieren un color rojo brillante. Los dientes se mueven y son inestables. El
aliento y el sabor de boca se vuelven desagradables. Son algunas de las pistas
que pueden ayudar a reconocer la existencia de la gingivitis, una afección
dental que no produce dolor, es muy frecuente y dañina pero también
desconocida y poco tratada.
Es una infección que suele pasar
desapercibida, si bien sus consecuencias pueden resultar irreversibles. Una
adecuada higiene bucal y un tratamiento precoz son la mejor solución para
evitar la pérdida de los dientes y otros trastornos mayores que han sido
relacionados con este problema, como el infarto de miocardio o el nacimiento
de bebés prematuros.
La gingivitis es la causa más
común de las denominadas enfermedades periodontales, aquellas que afectan a
los tejidos que rodean y sujetan a los dientes y que suelen causar inflamación
e infección en las encías.
Las posibilidades de padecerla
aumentan con la edad: alrededor del 10 por ciento de los pacientes tienen
entre 30 y 40 años, mientras que uno de cada tres afectados cuenta con edades
comprendidas entre los 50 y los 60 años.
También es frecuente en los niños,
aunque la mayoría son casos leves que se curan si se siguen las normas
adecuadas de higiene.
Los casos de evolución rápida
suelen corresponder a los pacientes más jóvenes, que pueden perder los dientes
en apenas cinco años, mientras que en otros casos la evolución es más lenta.
PROBLEMAS EN AUMENTO
Cuando la gingivitis evoluciona,
suelen aparecer otros síntomas como la retracción de las encías, movilidad y
separación de los dientes, aumento de la sensibilidad al frío, mal aliento y
aparición de flemones. Asimismo, cabe la posibilidad de que el hueso se
destruya paulatinamente, lo que puede suponer la pérdida de las piezas, bien
por la necesidad de extraerlos debido a su inestabilidad o porque se caigan
por sí mismos.
"Sus encías están inflamadas y
enrojecidas. Cuando las limpié hace un momento sangraron. Tiene gingivitis. Si
no hace algo al respecto perderá sus dientes". Esta advertencia es una de las
que hacen con más frecuencia los odontólogos y no admite dudas sobre la
naturaleza del problema ni dilaciones para solucionarlo.
Una encuesta de la Asociación
Dental Americana muestra que la mayoría de los adultos de EEUU tiene señales
prematuras de enfermedad periodontal o enfermedad de las encías. La situación
no es muy diferente en otros países, donde la prevención dental por parte de
sus ciudadanos es una asignatura pendiente.
La inflamación y enrojecimiento de
las encías es el primer signo de la enfermedad periodontal, y esta dolencia es
la principal razón por la que los adultos pierden sus dientes.
Pero a pesar de que alrededor de
la mitad de la población de los países industrializados sufre la gingivitis o
"enfermedad de las encías", y debido a ella pierde uno o más dientes a lo
largo de su vida, la mayoría ignoran que la padece o desconoce sus síntomas,
hasta que es demasiado tarde para remediarlo.
La enfermedad periodontal es una
infección bacteriana causada por la placa que continuamente se forma sobre los
dientes. Si esta película no se quita a diario, se solidifica en sarro y
produce al entrar en contacto con las bacterias unas toxinas que inflaman las
encías y las hacen sangrar, produciendo una forma previa de gingivitis.
MEJOR TRATARLA ANTES, QUE DESPUÉS
En esta etapa la enfermedad
periodontal puede solucionarse con asistencia profesional y un cuidado
adecuado, pero si se la deja progresar, las encías pueden despegarse de los
dientes, formando depósitos que se llenan de la placa, y que a medida que
aumentan de tamaño, pueden causar una pérdida de hueso o la caída, flojedad o
necesidad de extracción de las piezas dentales.
La sensibilidad de las encías, o
su separación de la dentadura, así como el sangrado cuando se cepillan los
dientes o se los limpia con hilo dental, son algunos de los síntomas de la
enfermedad periodontal, igual que la aparición de pus entre las encías y los
dientes, así como la separación entre éstos últimos.
Los cambios en la forma en que los
dientes encajan uno con otros al morder o en que se comporta la dentadura al
masticar, son otros signos, ante los cuales hay que acudir al dentista.
La mejor forma de prevenir la
enfermedad periodontal consiste en cepillar y limpiar con hilo dental la
dentadura diariamente, y acudir al menos dos veces al año al dentista, quien
eliminará la placa bacteriana de los lugares más difíciles y extraerá el sarro
que se ha formado.
Las cremas dentífricas "antigingivitis",
que enlentecen el metabolismo de las bacterias orales para que produzcan menos
toxinas, así cómo los cepillos dentales que utilizan sonidos de alta
frecuencia para desalojar las bacterias que forman la placa, ayudan a prevenir
este trastorno, al igual que los irrigadores, con puntas muy delgadas que
penetran bajo la línea de las encías.
Uno de los más avanzados métodos
para diagnosticar el mal periodontal, consiste en que el dentista introduzca
una fina sonda de metal debajo de la línea de la encía alrededor de cada
diente, hasta que halle resistencia y mida la profundidad de cada depósito de
placa bacteriana, adjudicándole una puntuación, que va desde "saludable" hasta
"dolencia periodontal avanzada".
DIAGNÓSTICO GENÉTICO, TERAPIA
ANTIBIÓTICA
Otro sistema de diagnóstico
reciente consiste en efectuar un análisis genético para conocer la composición
bioquímica de las bacterias que causan la "enfermedad de las encías",
permitiendo que el dentista recete el antibiótico más adecuado para tratar la
infección dental.
También se han desarrollado
técnicas de tratamiento como la que consiste en que el dentista coloque un
hilo muy delgado, que contiene un preparado antibiótico que se libera
lentamente, en el depósito enfermo, dónde lo deja alrededor de diez días,
antes de extraerlo.
Este método permite administrar
antibióticos mucho más potentes que los administrados en píldoras, eliminando
sus efectos secundarios en el organismo.
Cuando la enfermedad periodontal
ha destruido el tejido de las encías y el hueso hay que recurrir a la cirugía.
En vez de frenar el avance de la
dolencia, se puede reconstruir el hueso, revirtiendo parte del daño, al
injertar piezas de otras partes del cuerpo del paciente, de bancos de hueso o
de animales, en la zona donde se perdió el tejido.
Entonces, las células óseas y los
vasos sanguíneos migran hacia el injerto, originando nuevo hueso y también la
cubierta externa del diente, debajo de la línea de la encía.
Otro método similar, la
regeneración guiada de tejido, consiste en ubicar una delgada membrana
artificial en el depósito de placa bacteriana, dónde permite que las células
que ayudan a sanar la herida se sujeten a la raíz del diente, filtrando las no
deseadas. Después de 4 a 6 semanas el diente se rodea de tejido de encía y
hueso nuevo, y se extrae la membrana.
Una persona puede hacer muchas
cosas, algunas de ellas muy sencillas, para prevenir la aparición de esta
dolencia, que además de perjuicios funcionales y estéticos, puede repercutir
en la economía, debido a lo costoso de su tratamiento.
El tabaco, el estrés y el mal
cuidado bucal suponen un riesgo inminente para la aparición de la gingivitis,
y por tanto son factores que hay que eliminar o reducir.
CEPILLO E HILO, LA MEJOR
PREVENCIÓN
Para evitar la aparición de la
infección gingival, los especialistas aconsejan una adecuada higiene oral, que
debe incluir el uso habitual de la seda dental una vez al día y la visita
periódica al dentista, además de mantener una dieta sana y completa que
incluya las principales vitaminas.
Los expertos recomiendan no
emplear apenas 30 segundos en limpiarse los dientes, sino tomarse el tiempo
necesario para usar el hilo y cepillo dentales correctamente: de tres a cinco
minutos dos o tres veces al día para lograr una buena higiene dental.
La zona que atrapa el sarro
alrededor de la línea base de la encía, es donde se inicia la gingivitis y es
la que más se olvida al cepillarse. Para remediarlo, los expertos aconsejan
colocar el cepillo formando un ángulo de 45 grados respecto de los dientes, de
modo que la mitad del cepillo limpie las encías, mientras que la otra mitad
cepilla los dientes. Después hay que mover el cepillo en oscilaciones, no
"tallando".
Tener dos cepillos y alternar su
uso, permitiendo que uno se seque y ventile mientras se emplea el otro, así
como utilizar un cepillo dental eléctrico, que retira alrededor del doble de
la placa bacteriana en comparación con uno manual, son otras medidas
higiénicas recomendadas por los expertos.