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ODONTOLOGIA GREMIAL - LIDERAZGO

          

Conducción sectorial y Liderazgo del Componente de la Salud Bucal

Dr. Gilberto Domínguez del Río (Perú) *

 

 

A veintidós años de la Conferencia Internacional de Atención Primaria de Salud (Alma-Ata, Setiembre de 1978) y al inicio del tercer milenio, los avances en el camino por alcanzar la meta social de salud para todos, no son los que optimistamente se esperaban. Por lo tanto, las enfermedades de la boca continúan siendo problemas de gran magnitud aún no resueltos.

 

Los cambios vertiginosos producidos por la globalización de la economía, el desarrollo de la información y comunicación social y otros factores, determinan la necesidad de enfrentar éstos nuevos retos con una suficiente capacidad de conducción, movilizando los liderazgos en las organizaciones sociales o sociedades civiles, fortaleciendo la práctica democrática, la capacidad de diálogo y valorando en su verdadera dimensión las capacidades científicas y de conducción.  

En el pasado, las mentalidades centralistas y autocráticas, prevalentes históricamente, han sobre valorado el ejercicio de la autoridad formal y el uso del poder político al margen de la participación democrática y del consenso.

 

Hoy se percibe un movimiento de rectificación frente a ésta situación, que trata de revertir una tendencia histórica  de centralismo y autoritarismo. Más aún, se reconoce que los procesos de conducción y liderazgo, basados en la participación, la descentralización, la acción multisectorial y  multi-institucional, son imprescindibles si se quiere llevar a cabo efectivamente los cambios sociales tendientes a reducir las desigualdades e impulsar una verdadera justicia social.

Es por ello que en la nueva perspectiva de la odontología peruana se considera necesario introducir políticas y estrategias que permitan impulsar un proceso acelerado de innovaciones y creatividad en un esfuerzo común, por superar éstos grandes problemas.

Conducción y liderazgo

 

La conducción es un proceso que consiste en guiar un conjunto humano o grupo social, de una situación dada a otra diferente. El grupo social puede no estar organizado ni institucionalizado y la aceptación a ser guiado es libre y voluntaria. La aceptación del grupo social no necesariamente debe ser unánime. 

 

Basta que el compromiso sea de una mayoría gravitante para arrastrar a los demás. La aceptación y el compromiso no es formal ni permanente; sin embargo, puede despertar en el grupo social y en sus miembros una voluntad muy firme. 

 

La aceptación se refiere tanto al logro de los objetivos que genera el proceso y que suponen la nueva situación que se busca, como a los medios a utilizar para éste propósito. Lo fundamental es la aceptación de la condición conductora del guía.

 

Existe la tendencia de confundir y usar indistintamente los términos conducir y dirigir y por extensión conducción y administración (o gerencia). 

 

Esto se debe en parte, a que en una de sus acepciones idiomáticas ambos términos tienen prácticamente el mismo significado. Sin embargo, un análisis etimológico más completo, así como el uso sociológico de los términos, permite establecer claras diferencias. El término conducir significa transportar o llevar algo de una parte a otra o a un grupo social de una situación a otra diferente y hasta opuesta

 

Denota así un proceso de cambio que conlleva por ello componentes de resistencia, oposición y conflicto.

 

En cambio, el término dirigir significa encaminar una institución mediante operaciones, al logro de objetivos relativamente bien definidos y concretos, con menos incertidumbres, con puntos de llegada más conocidos y familiares y con menos resistencias. 

 

Por supuesto que la dirección o administración no está exenta de conflictos, busca cambios y para alcanzarlos necesita de las estrategias; pero los cambios se dan dentro de los límites bien definidos de la finalidad y de las reglas constitucionales que gobiernan la institución o la empresa. Más aún, dirigir, en otras de sus acepciones idiomáticas, significa gobernar, regir, tener la capacidad de dar reglas obligatorias para el manejo de una dependencia o empresa.

 

La conducción es un proceso eminentemente político y estratégico, de largo aliento, para alcanzar cambios fundamentales en forma de imágenes-horizonte o imágenes- objetivo  de una amplia dimensión social y de carácter estructural. 

 

La dirección es en cambio, un proceso eminentemente administrativo y técnico, mayormente inmediatista y a corto plazo, agobiado día a día por lo rutinario y coyuntural, para lograr objetivos concretos ya definidos políticamente a otros niveles superiores. La conducción y la dirección operan pues en planos y ámbitos diferentes pero no opuestos. 

 

Más bien, pueden y deberían complementarse y apoyarse mutuamente, aunque también de hecho pueden interferirse y debilitarse mutuamente. Esto ocurre cuando la dirección no quiere seguir a la conducción o se opone a ella y cuando la conducción no es capaz de traducir  los objetivos socio-políticos y estrategias  en nuevas finalidades y reglas para la institución o la empresa.

 

La conducción no sólo supone la aceptación, el reconocimiento y el compromiso del grupo social, sino que necesita crear y mantener en el mismo, fuerzas y virtudes tales como la sensibilidad social, solidaridad, fe y mística. 

 

Complementariamente, éste proceso exige en quienes conducen, una conducta ejemplar, en el sentido de mostrar explícitamente con el ejemplo (personal), que ellos también tienen sensibilidad, solidaridad social, fe y mística y que están dispuestos a cualquier sacrificio para alcanzar el propósito que promueven.

 

Los que conducen no necesariamente tienen que estar investidos de cargos que les den autoridad formal. El grupo social no sigue a los conductores por obligación legal o temor, sino por convencimiento y voluntariamente. Sin embargo, la conducción puede, algunas veces, coincidir con la Dirección. 

 

Puede darse el caso de que quienes conducen estén, en determinadas circunstancias, investidos de cargos con autoridad formal; ésta situación puede constituir una ventaja o facilidad para dirigir, aunque no garantiza de por sí una eficiente administración. Por otro lado si los que dirigen no tienen condiciones y capacidades de conducción, nunca podrán conducir por más poder formal y real que adquieran y acumulen como autoridades.

 

La conducción está asociada al liderazgo del mismo modo que la dirección lo está a la autoridad formal. El líder conduce y la autoridad formal (cualquiera que sea el nombre y nivel de su cargo) dirige, administra o gerencia.

 

El liderazgo puede definirse entonces como la capacidad y condición de conducir un conjunto humano o grupo social. El término es un anglicismo que significa guiar o conducir un grupo social, partido político u otra forma de colectividad.

 

Etimológicamente, líder es el que va a la cabeza y es seguido por un grupo social. En castellano existe el término caudillo que etimológicamente es el que va a la cabeza guiando a la gente, pero no es atractivo, está desprestigiado y se le usa peyorativamente.

 

Ya se ha visto que el líder no requiere de autoridad formal para conducir. Hay líderes en la oposición y líderes dentro de un gobierno o en movimientos religiosos, políticos, científicos, etc., que ocupan cargos de autoridad formal. Por ello el líder no lo es por designación, nombramiento o delegación desde un nivel superior, sino que nace del grupo social a través de un proceso espontáneo. El líder tampoco es elegido aunque puede darse la circunstancia  de que sea elegido con un cargo de autoridad formal.

 

El líder requiere tener condiciones y capacidades personales. Algunas de éstas son innatas pero otras pueden adquirirse, reforzarse y mejorarse. Sin embargo, para que el liderazgo se produzca se requiere también de la presencia sincrónica de un problema o aspiración que genere el proceso y de una disposición del grupo social a identificarse con esa aspiración o con el enfrentamiento a ese problema.  

 

Puede entonces ocurrir que se de la situación y la circunstancia de la generación del proceso y de la respuesta del grupo social, sin que haya un líder reconocido o sin alguien que en ese momento esté plenamente capacitado y tenga las condiciones para éste papel de conductor. En ésta circunstancia emergerá siempre un líder, el que posteriormente podrá, con dedicación y la experiencia del ejercicio del liderazgo y con la capacitación pertinente, desarrollarse y crecer como conductor.  

 

Requisitos para el liderazgo

 

Los atributos del líder no necesitan darse todos a la vez, ni en los grados máximos posibles. Inclusive algunas de las condiciones y capacidades pueden estar ausentes. De ahí que es imposible establecer un conjunto de requisitos para el liderazgo con el carácter de indispensables. Sin embargo, vale la pena mencionar algunos:

  • Un conocimiento integral del problema, de la situación y de la circunstancia que inducen al proceso de  conducción así como los contextos del problema (culturales, históricos, sociales, económicos, políticos, etc.). Este conocimiento no tiene que ser profundo en todos sus aspectos. El líder es más bien como el director de orquesta  que debe saber de música y del papel de todos  los instrumentos musicales, pero no necesita ser un virtuoso en todos y cada uno de ellos.    

  • Una capacidad estratégica que le permita tener una visión global, retrospectiva y dinámica de los fenómenos sociales, así como anticipar, reconocer y actuar frente a las dificultades, obstáculos, restricciones y oposiciones, presentes inevitables en todo proceso social.

  • Una capacidad de comunicación con el grupo social y sus miembros, basada en un sentido de igualdad y de respeto. Esto es esencial para que funcione la doble vía que significa una verdadera comunicación. También es importante para facilitar la capacidad de influencia y cambios en la conducta colectiva del grupo social, cuando así lo requiera el proceso. El líder guía, no se deja arrastrar por el grupo. De ahí que a través de esa comunicación, el líder puede distinguir entre posiciones y conductas permanentes y opiniones ocasionales causadas por el temor, la incertidumbre o la euforia. 

  • Una capacidad de comunicación con los agentes de canalización y amplificación de las necesidades y demandas de los grupos sociales.

  • Capacidad de rodearse de personas con tanto o mejor conocimiento y experiencias, formando con ellos un equipo democrático que lo asesore y lo informe de todos los aspectos positivos y negativos en el proceso de conducción. Esto facilita también la continuidad del proceso y especialmente su direccionalidad.

 

Cómo fortalecer el liderazgo

No es posible formar o producir líderes como se hace por ejemplo, con los profesionales. No se trata solamente de una adquisición de conocimientos y destrezas. No puede haber cursos y cursillos para graduar líderes y por ello no podrá existir el título académico de líder.

 

Sin embargo, muchas de las condiciones y capacidades necesarias para el liderazgo pueden ser adquiridas, fortalecidas o estimuladas a través de un proceso educativo no tradicional, de la experiencia que sólo se obtiene por el ejercicio real de la función conductora y por las oportunidades de crearse para facilitar la emergencia y el desarrollo de los líderes. Se dice en ese sentido y con cierta razón, que a veces la experiencia burocrática puede limitar y reducir las capacidades de liderazgo.

 

En una sociedad o grupo social cualquiera, nunca hay la necesidad de un solo líder. El liderazgo y el proceso de conducción requieren de muchos líderes, en diferentes niveles y diversas circunstancias. Esto significa también que para ciertos problemas y en determinadas situaciones surgen liderazgos que son reemplazados por otros cuando se presentan nuevos problemas o cambian las situaciones o circunstancias.

 

Lo ideal es poder desarrollar en los líderes, capacidades y destrezas administrativas y en los administradores, visión y capacidades conductoras. Dentro de éste ideal, ambos se moverán en sus correspondientes planos y ámbitos, paralelamente, pero convergiendo a los mismos propósitos y objetivos administrativos.

 

Conducción en el componente bucal de la salud

La conducción sectorial en Salud, supone la capacidad que tendrían el Ministro y el Ministerio de Salud como la persona y la entidad rectoras del sector, de orientar la acción general de las demás instituciones, organizaciones y personas, en el sentido de la política nacional de salud y de las políticas de desarrollo socio-económico del gobierno, con la presencia permanente y explícita del componente Bucal en los Programas Nacionales de Salud.

 

La función conductora tiene que ejercerse sobre la base de actitudes y medidas que permitan la aceptación de éstos papeles por parte de tales instituciones y personal, pues las capacidades legales de personal y de entidades rectoras, no son suficientes. En un proceso social y político real hace falta mucho más que el simple respaldo legal. 

 

Por lo general, las Direcciones y Departamentos de Odontología en el Ministerio de Salud no tienen mucho poder político específico, no cuentan con suficientes recursos financieros y por lo general, viven encerrados en sí mismos. Su capacidad técnica no ha sido debidamente reconocida y sus normas han tenido vigencia circunscrita a su propio servicio o simplemente han quedado en letra muerta para las demás instituciones y aún dentro del propio Ministerio. 

 

Consecuentemente, los programas del componente bucal de la salud generalmente están relegados a prioridades muy secundarias y supeditados a decisiones de niveles superiores.

 

Los mecanismos formales de coordinación intrasectorial e intersectorial, de las instituciones odontológicas con sus similares del sector salud, tanto públicas como privadas y de su representatividad en la sociedad peruana de por sí, en las condiciones actuales, no aseguran una adecuada coordinación y mucho menos constituyen una forma de conducción. Una fuerte personalidad, un prestigio profesional o un poder político específico por parte de los integrantes de éstas entidades, puede hacer la diferencia, pero, dentro del concepto de conducción, ello puede darse en ausencia y/o, al margen del mecanismo formal.  

 

La función conductora tiene que darse en la medida en que éstas instituciones reorienten su papel de simples administradores en verdaderos conductores de los procesos socio-políticos. Tal vez una forma podría ser separando la función administradora del rol conductor, debido a que normalmente las demandas urgentes cotidianas y coyunturales de la administración, no dejan cumplir las funciones conductoras.

 

Como, cuando y donde desarrollar el liderazgo

   

Los líderes de la odontología necesitan tener una idea clara de los procesos cambiantes en el Sistema de Salud, a corto, mediano y largo plazo, así como las medidas inmediatas y urgentes de hoy. Deben tener conciencia del papel importante que pueden jugar en la conducción del proceso de desarrollo de la salud y de los factores que haya que reforzar, crear, influenciar y  cómo llegar a comunicarse con los líderes naturales en el proceso político de salud. 

 

Es uno de los retos más difíciles en la tarea de conducción del sector odontológico. Como parte del diagnóstico de la situación, tanto o más importante que la información epidemiológica y de recursos formales, es el análisis político y su permanente actualización. Por ejemplo, analizar la proyección de las empresas privadas de salud (EPS); la municipalización de la salud y cuál es su repercusión en la odontología; las causas de la crisis de la consulta privada; el empirismo y su repercusión en la salud de la población y otros.

 

Los líderes deben contribuir a conducir las ideas esenciales de los procesos que se tratan de promover o reforzar, buscando que ellas se constituyan en demandas  de las bases que lideran. Hay que recordar que es real la tendencia normal de separación imperceptible que se tiende a producir entre el líder y las bases que lo siguen, sobre todo cuando el líder va demasiado adelante de la capacidad de absorción de los liderados y se aleja de ellos en su búsqueda de beneficio político personal o, cuando un cargo de autoridad formal le hace usar más el poder que la conducción persuasiva o, dando el ejemplo que implica el verdadero liderazgo.  

Otro aspecto importante descuidado es la responsabilidad del liderazgo en el contexto de las relaciones internacionales de la odontología  con los países latinoamericanos, tanto entre sí como con otros del mundo, los que deben de responder a los objetivos, a las políticas y a las estrategias claramente definidas. La movilización de recursos para la instrumentalización, viabilización y factibilización de éstas estrategias, políticas y objetivos, constituyen tarea de una adecuada conducción y el apoyo de líderes nacionales adecuadamente identificados.

 

Las responsabilidades del liderazgo deben de estar inmersas en las estrategias de cada una de las instituciones de la profesión odontológica organizada, despertando en todos y cada uno de sus integrantes, la conciencia de la necesidad, de una actitud y un  compromiso que permita utilizar oportuna y adecuadamente los avances de la ciencia y la tecnología en beneficio de nuestras poblaciones y del odontólogo en particular.

 

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* REVISTA VISION DENTAL AÑO N° 3 EDICION N°12    MARZO-ABRIL DEL 2000

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