Dr.
Victor
Hugo Montes Campuzano (Colombia)
Constitucionalmente
parece ser que la salud es un derecho de todos los ciudadanos del mundo.
Y así tendrá que ser dentro del elemento proteccionista que debe
caracterizar a los estados eficientes que no eluden sus
responsabilidades ante teorías extranãs que siempre abren más la
brecha entre los que todo tienen
y los que carecen de lo más elemental para su subsistencia. Por eso, el gran
reto que enfrentamos hoy los dirigentes y quienes tienen a su cargo los sistemas
de salud, es el racionalizar el uso de los recursos para que con ellos, escasos
siempre, podamos dispensar una mejor atención de salud que alcance coberturas
significativas.
La
solución no es entonces la de entregar la salud, sin ni siquiera inventariarla
a intermediarios financiadores que buscan los mayores rendimientos para sus
pseudo generosas inversiones. No pueden las comunidades del mundo entero recibir
una atención de salud concesionaria, comercializada y manipulada, so pena de
ver aún más disminuídas sus posibilidades de reivindicación. No es entonces
solución una financiación de la atención de la salud basada en el aporte
bilateral del ciudadano y de su patrono, con el aporte adicional de quienes
tienen capacidad de pago, con un desinterés pasmoso del propio estado, para la
atención de la población marginada, si de verdad se quiere hacer un impacto
grande. Menos aún, si este esfuerzo bi o tripartita se entrega, como en muchos
países, a la empresa privada para su usufructo omnipotente. Y no tiene ninguna
presentación hablar de coberturas de atención próximas al 100%, mediante un
sistema utilitarista que no pretende pacientes sanos recuperados integralmente,
sino usuarios atendidos parcialmente para contarlos y poder hacer presentaciones
demagógicas de las bondades del programa. No es mi propósito colocar como
alternativa el mantener del sistema tradicional de unos servicios a cargo del
estado impotente, quebrado e ineficiente a través de los cuales encontramos
niveles aberrantes de insalubridad, de abandono y de indignidad, ya que ahí es
donde nos corresponde actuar, para recuperar espacios que las sociedades han
perdido, respecto a sus derechos a una buena salud. Es evidente que necesitamos
tres actores para mejorar las cosas, así:
1.
El paciente, enfermo o sano (mejor en esta última condición), quien educado
para su salud y la de su familia, apreciará aún más su aporte, de acuerdo a
sus posibilidades, a un sistema de salud que lo valore y dignifique y que no lo
explore y menosprecie. Un seguro para su salud oral o la misma Odontología
prepagada que le garantice mediante estudios de costos serios, la posibilidad
del mantenimiento de una atención preventiva, curativa y de rehabilitación,
harán el aporte de este primer partícipe de una solución eficiente.
2.
El patrono, cuando se trate de población asalariada, o una entidad de previsión
social para trabajadores independientes o población indigente y marginada (para
esta última la entidad estatal también absolverá la cuota del primer
elemento), participarán dentro del sistema con una cuota proporcional que
alimentará el fondo de protección de la salud del trabajador que ya está
contribuyendo y vinculado com plenos derechos a exigir oportunidad, eficiencia y
calidad en el mantenimiento de su salud o en su salud o en su recuperación, si
ésta se encuentra desafortunadamente disminuída. Pero merece hacerse hincapié
en cómo debe ser el tamaño y las características de la tantas veces
mencionada "Entidad de Previsión Social". Esta debe ser equilibrada,
sea del estado o de particulares (privada), no comprometida con metas
mercantilistas salvajes, humana y con controles en los cuales deben participar
los propios beneficiarios.
3.
Y viene la presencia del estado, que no puede desligarse de su deber de, además
de defender la vida, honra y bienes de sus nacionales, tiene a su cargo, en una
sana lógica, la de procurar y facilitar los medios para que estos gocen de una
buena salud. Por tal motivo, considero que la apertura de las economías,
llevada con exceso de rigor al sector de la salud y a una competencia entre
empresas económicas que quieren rentabilidad a toda costa, descuidando la
calidad y las auténticas necesidades de las personas, es una tendencia política
que se debe revisar. No es conveniente, y ya esto está demonstrando hasta la
saciedad en países que lo han sufrido, que los gobiernos, como los conductores
del estado, no sólo les asignen grandes posibilidades de ser más lucrativos a
sus exclusivistas grupos económicos sino también que les vendan sus
hospitales, grandes y pequeños y a crédito, que son pagados cuando comienzan a
exprimir a los pacientes y a los empleadores, en el esquema que presento. Los
gobiernos y sus estados no deben despojarse olímpicamente de su inmensa
responsabilidad com la salud pública y los funcionarios del área, desde el
Ministro para abajo, desde los Jefes de Salud regionales o de departamentos o
distritos o cantones, no pueden seguir en la función demágogica de hacer
normas, de evaluar, de solucionar conflictos debidos a salarios no
satisfactorios y a una que outra inauguración de un centro de salud que después
será vendido. No, el papel del estado debe ser retomado en su humana y justa
dimensión, comprometiéndose con el problema de la salud. El manejo directo de
sus recursos de infraestructura, sin ignorarlos y considerándolos como
empresas, va a hacer el mismo papel de las instituciones delegatarias del ámbito
neoliberal, com réditos para reinvertir y para mantener una calidad de
excelencia en el servicio. No hay pues que achicar el tamaño de la función
estatal, hasta verlo reducido a un espectador impotente de grandes y aberrantes
negociados con la salud, precioso don que se le entrega al ser en el momento de
la concepción y que lastimosamente políticas inadecuadas convierten en una
mercancía, que ni siquiera es de primera, pues tiene más garantía un
televisor o un autómovil para que funcione bien, que la mercancía hombre, a
quien ni siquiera se le da el tratamiento a que tiene derecho ya que está
dentro del "sistema" el cual solo busca producir y solo producir. Pero
con qué consecuencias positivas? Pero viene un cuarto actor que he dejado para
lo último porque somos nosotros mismos. El gremio seguramente en todas partes sí
ha participado. Se ha insinuado y hasta somos reconocidos como entidades
consultoras o asesoras y aunque esto está bien, si no hay resultados, nos
involucraremos o haremos parte de los fracasos. Como Federación Dental
Internacional y como tarea prioritaria de los comités y de las comisiones
correspondientes, presentemos a los gobiernos, de una manera respetuosa y con la
autoridad que nos da un siglo de lucha, planteamientos sobre financiación. La
Organización Mundial de la Salud debe ser nuestro asesor y aliado, para que por
su intermedio, lleguen nuestras propuestas en forma directa a todos los
Ministros requeridos.
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