Sobre los autores:
Dr. Jaime Otero M. - Dr. Jaime
Otero I. (Perú)
Odontólogos con Maestría
en Gerencia de Servicios de Salud, con amplia experiencia de trabajo en la
prestación y gerencia del servicio odontológico y la generación de contenidos,
herramientas y aplicaciones de gerencia, administración y marketing en
Odontología. Docentes del Instituto Panamericano de Gestión de la Salud que
han desarrollado y dictado más de 100 seminario de Marketign dental y Gerencia
en Odontología.
Editores de www.odontomarketing.com
y www.gerenciasalud.com y autores
de 5 libros y más de 300 artículos sobre la especialidad.
Ver otras publicaciones del autor
No hay que ser muy observador para determinar que los indicadores de salud y
enfermedad bucal de la mayoría de nuestros pueblos mantienen a lo largo del
tiempo cifras desalentadoras y que en
el corto y en el mediano plazo es poco probable que la situación se modifique
sustancialmente.
La
participación de los odontólogos no ha sido significativa en cuanto se
refiere a acciones de gran envergadura en el campo odontológico de la salud
pública y en la mayoría de nuestros países
los sistemas de seguros dentales y planes odontológicos - tanto públicos
como privados- no suelen incluir mecanismos certeros para asegurar una
mejora sanitaria de impacto, ni existe un trabajo integral y coordinado que involucre a los
profesionales, la facultades, sociedades científicas y entidades
gubernamentales y no gubernamentales.
No
es mucho lo que se hace en el área de la planificación de los recursos humanos en odontología,
tanto desde el punto de vista cuantitativo como cualitativo. Y es un hecho
concreto que la
mayoría de Facultades de Odontología forman odontólogos con grandes
deficiencias en el manejo administrativo de sus consultorios y con poca
visión de hacia dónde apuntar sus prácticas.
Se genera un círculo vicioso con
cada día más odontólogos poco preparados para insertarse exitosamente en el
mercado laboral y se da un fenómeno que se repite en la mayoría de nuestras
metrópolis, caracterizado por:
-
gran oferta de servicios
dentales, que prácticamente no son de utilidad para los intereses de nuestras
sociedades y que carecen de valor a la hora de inventariar las necesidades
poblacionales, la demanda odontológica potencial y el daño acumulado. Mucho
menos, cuando se busca en la oferta privada de servicios odontológicos las
alternativas de solución al gravísimo problema odontológico de la gente.
-
desocupación de áreas destinadas
en teoría a la atención odontológica y sub utilización de la infraestructura
instalada en la mayoría de clínicas dentales, lo cual origina que cada
odontólogo sea dueño de un terreno amplio que no aprovecha: no siembra porque
no sabe cómo y por ende no puede cosechar. Se cierran clínicas dentales y en
algunos casos, se han incorporado a la fuerza y no planificadamente variantes
del sistema clásico de atención: alquiler por horas del sillón dental,
participación en los resultados económicos de odontólogos que trabajan dentro
de nuestro consultorio, etc.
-
profesionales desempleados y
subempleados con altos niveles de stress asociado al trabajo, preocupantes
índices de satisfacción laboral y visión de futuro dudosa, por temas
fundamentalmente económicos y debido a que paulatinamente los dentistas
perciben una modificación negativa en el posicionamiento del odontólogo como
actor social : la población empezó a darse cuenta que no todos los odontólogos
son exitosos, percibe nuestras carencias y empieza a identificar nuestras
desmotivación.
-
disminución en el precio de
venta de los tratamientos odontológicos, como respuesta casi automática a la
sobrepoblación de odontólogos en las ciudades importantes, lo cual origina a
su vez que muchos centros dentales quiebren o empiecen a tener problemas para
afrontar los gastos mensuales, cuando se disminuyen precios sin analizar la
rueda económica del consultorio ni teniendo en cuenta el largo plazo.
La
"consigna" del recién egresado sigue siendo mas o menos la misma en
el común de los casos:
salir de la universidad y trabajar para instalar un consultorio privado, con
altas probabilidades de intentar enfocar su práctica hacia el porcentaje
reducido de la población con mayores ingresos económicos. Por lo general, se
utilizan sistemas de atención y de práctica que han demostrado ser poco
productivos y por ende efectivos, por no decir inviables.
Estos
esfuerzos implican la inversión cuestionable de cientos de millones de dólares
por país (calcule sino el número de odontólogos de su nación que tiene
consultorio dental instalado - 60% a 80% del número total de odontólogos y
multiplíquelo por 10,000 - 20,000 dólares, que es lo que se invierte en
promedio en montar un nuevo consultorio) y se cuenta en la actualidad con muchísima mano de obra subempleada
y desempleada y muchos sillones dentales vacíos, mientras por otro lado el
común de la población acumula daño dental y ve disminuir su calidad de vida
y bienestar por motivos odontológicos.
Sin duda hay muestras aisladas de esfuerzos muy valiosos en el campo de la
gestión pública y privada eficaz de los servicios odontológicos en nuestros
países y es innegable que se han establecido clínicas dentales grandes, cadenas de
consultorios odontológicos y otros sistemas más viables en casi todas nuestras capitales y ciudades con
mayor cantidad de población. Pero, al ver la situación de manera global, al
analizar tendencias regionales y sobre todo, al confrontar esto con las
demandas de la población, nos damos cuenta de que es mucho el camino que nos
falta por recorrer en la búsqueda de una integración entre la Odontología y la
sociedad.
Se
ha formado así una especie de división en la oferta odontológica,
creándose un escenario con tres actores principales:
-
Los
odontólogos vinculados a compañías de seguros, financiadoras, EPS,
ISAPRES, obras sociales o cualquier otro nombre que designe a sistemas de
salud masivos con participación del sector privado, que suelen estar
vinculados a sistemas de práctica basados en alta productividad,
reducción de costos, tarifas por servicios odontológicos por debajo de
los promedios y que laboran en áreas administrativas o formando parte de
un grupo grande de odontólogos que laboran en una misma clínica.
-
Un
segundo grupo de profesionales que siguen ejerciendo bajo el modelo
típico de atención, caracterizado por un consultorio odontológico con
uno o dos sillones, un solo odontólogo, con participación mínima del
personal asistente y poca aplicación de herramientas de gestión y
marketing. Se ejerce bajo un modelo en el cual los costos operativos del
consultorio son asumidos por uno o dos odontólogos, que al tratar de
competir en algunos casos por precio con sistemas masivos, suelen
enfrentar más de un problema de liquidez.
Un
tercer grupo formado por odontólogos no vinculados a sistemas de
atención masivos que atiende y cobra a sus clientes sin la participación
de un tercero. Pero que ha incorporado principios de productividad,
delegación de funciones, administración, marketing y gerencia.
En
este escenario es común que una buena parte del segundo grupo -el más
numeroso y el que problemas más serios enfrenta- busque culpables a sus
males, no entendiendo que muchas veces trabaja con costos operativos
insostenibles para adaptarse a un mercado con consumidores cada vez más
exigentes y dentro del cual se compite fundamentalmente por precio.
Se
cuestiona éticamente la participación de terceros en la prestación del
servicios odontológico y la incorporación de herramientas de gestión y
marketing en Odontología, incluso llegándose a verdaderos enfrentamientos de
carácter gremial a nuestro entender cuestionables.
Pero
no se tiene en cuenta el carácter de casi obligatoriedad que tiene la
comunidad dental de ofrecer a sus países alternativas de solución que
garanticen una mejor cobertura y un mayor acceso a la salud bucal por parte de
la población en su conjunto. Se
ve poco compromiso y faltan alternativas de solución que viabilicen la
atención odontológica de grandes grupos humanos. Y en el camino, son
frecuentes las quejas de muchos colegas respecto a sus condiciones de trabajo
y a la poca ocupabilidad de sus consultorios dentales, que se mezclan con las
demandas tácitas de la población respecto a sus condiciones de salud oral y
a la amplísima distancia entre la profesión odontológica y la sociedad.
Sin duda este escenario no es
conveniente para nadie. Sin duda el rol de la profesión dental debería ser
crucial, será difícil que venga un tercero a solucionar nuestros problemas.
Sin duda será siempre mejor apuntar hacia una acción conjunta y hacia un
empoderamiento de la comunidad odontológica en temas de salud pública. Sin
duda depende de cada uno de nosotros, despertemos de este letargo y analicemos
objetivamente nuestro rol social en la atención odontológica de grandes grupos
humanos.
Otero
J. Atención odontológica a grandes grupos humanos. Odontología
Ejercicio Profesional 2004;5(1): http://www.odontomarketing.com
(10.01.2004)