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A
continuación, entregamos a Ud. un artículo que apareció
en la revista Selecciones del Reader's Digest en el mes de Noviembre de
1980 y que deseamos que de su lectura, Ud. pueda orientarse mejor sobre el
comentario que hacen las personas, sobre nuestra profesión.
Si
ha estado aplazando visitar a un buen dentista por temor al dolor o a un
gasto elevado, usted no es el único. En América Latina, por lo menos una
de cada tres personas que tienen los recursos económicos y el acceso a los
servicios odontológicos, se mantiene incluso años sin visitar a un
profesional en esta materia.
Cuando
un fortísimo dolor de muelas nos obliga finalmente a actuar, solemos pedir
a un conocido que nos recomiende a un dentista, o lo escogemos de la guía
telefónica. Con algo de suerte, el dentista escogido puede ser comedido y
competente. Sin embargo algunos, una minoría quizá, pero deplorablemente
considerable, son incapaces, deshonestos o ambas cosas. Analicemos el
asunto:
Aunque
no se han efectuado estudios al respecto, la doctora María Guadalupe Rodríguez
Mendoza, jefa de Coordinación de Enseñanza del Desarrollo Integral de la
Familia en México, afirma que probablemente hasta el 5O por ciento de los
dentistas latinoamericanos ejercen sin título o ni siquiera terminaron sus
estudios en una Escuela reconocida. La Asociación Dental Mexicana llevó a
cabo un estudio en 1979 que publicó en su propia revista durante los meses
de Junio y Julio donde concluye que el 30 por ciento de los trabajos
dentales, realizados por los 24,000 odontólogos titulados del país, son
defectuosos y deben repetirse. La doctora Rodríguez también manifiesta que
por lo menos el 45 por ciento de los dentistas que ejercen en nuestro
continente, cobran o han cobrado cargos fraudulentos.
Cómo
se puede evitar la incompetencia y los cobros desmedidos de ciertos
dentistas?. A continuación
ofrecemos algunos informes basados en consejos emitidos por personas
competentes y entendidas en esta materia, que podrán ayudarle a escoger un
buen profesional.
En
primer lugar, no ignore el consejo de sus amigos y vecinos, pero evalúelo
con sentido crítico. Consulte durante cuánto tiempo han sido pacientes del
dentista que recomiendan. Si están impresionados por la conducta del
profesional, en una o dos
visitas que le hicieron, esta opinión deberá ser considerada con menos
fundamentos que si, por ejemplo, el profesional ha atendido a la familia
durante muchos años. Pida también que le expliquen el trabajo que les
hicieron. Manténgase escéptico si alaban las extracciones sin dolor; pero
otorgue mayor consideración si mencionan que el profesional insistió en
salvar piezas que los propios pacientes creían perdidas. Además, si fue
amable para contestar las dudas que le plantearon y si fueron razonables sus
honorarios.
Sin
embargo, existen fuentes de orientación mejores que los conocidos. Una de
estas puede ser su médico familiar. Pregúntele quién cuida de la
dentadura de su familia. Es muy probable que el profesional escogido por el
sea uno de los mejores de la localidad.
Otra
posibilidad es acudir a la Facultad de Odontología de la Universidad más
cercana. Los profesores están enterados de las técnicas más recientes
aplicables en el país, y con facilidad pueden recomendarle a un dentista
titulado y especializado en el tipo de tratamiento que requiera, aunque los
profesores universitarios no son siempre los mejores dentistas de la zona, sí
tienen título y por lo general se prestan a aconsejarle sobre los dentistas
más calificados y mejor instruidos, ya que tienen contacto con la mayoría
de los profesionales de este tipo en la ciudad. En cualquier caso, cerciórese
de que su dentista sea titulado.
No
caiga en el error de suponer que los dentistas organizados en grupo
garantizan una mejor atención y precios menores por el solo hecho de
compartir sus costos. Casi el 80 por ciento de los odontólogos
latinoamericanos trabajan solos, o con la ayuda de uno o dos técnicos
dentales. Un dentista que opta por trabajar solo, debe conseguir y conservar
a sus pacientes por los méritos de su propio trabajo, y no por la seguridad
que le brinda un centro establecido. Aunque va contra los intereses del
grupo tener entre sus miembros a un dentista incompetente o insensible,
muchos permiten que entren al grupo parientes y amigos dejando así que el
nepotismo corrompa su hoja de servicios y que produzca, algunas veces,
consultorios dentales a destajo.
De
cualquier modo, en su primera visita a un dentista podrá descubrir muchos
factores sobre su competencia. Tenga muy en cuenta si no lo interroga con
detalles sobre sus antecedentes dentales y médicos. Antes de iniciar
cualquier tratamiento, deberá preguntarle si es alérgico a algunos anestésicos,
antibióticos u otos medicamentos. También querrá saber si le han
diagnosticado diabetes, hemofilia o alguna enfermedad cardiaca. En todos
estos casos, el tratamiento dental debe realizarse con más cuidado que el
habitual.
Uno
de los primeros pasos que el dentista debe seguir, es obtener una radiografía
de toda la dentadura. Para ello protegerá al paciente de las radiaciones
colocándole un delantal de plomo, sobre todo si se trata de una mujer en
edad de tener hijos. Aún así la doctora Rodríguez calcula que hasta el
75% de los dentistas del continente jamás adoptan esta simple precaución.
En
la visita inicial, un buen dentista jamás pasará por alto un examen
minucioso de sus dientes y encías, en lo que puede tardar hasta una hora.
En seguida deberá mostrarle el odontograma que preparó, explicándole con
detalles el curso del tratamiento que planea efectuar y el costo de cada
trabajo, que no deberá diferir demasiado de la cuenta final.
Las
tarifas de los honorarios por asistencia dental varían muchísimo de país
en país, de ciudad en ciudad y aún de dentista en dentista, pero la lista
que aparece en el recuadro (que hemos incluido al final de esta artículo ),
le dará una clara idea de los límites actuales de precios cobrados por los
tratamientos más comunes. Si la cuenta de su dentista le parece elevada,
solicítele una explicación. Un dentista consciente suele hacer rebajas a
las personas cuyas circunstancias justifican una consideración de esta índole.
Tenga
mucho cuidado si un dentista nuevo le propone de buenas a primeras cualquier
extracción. Pregúntele si no hay forma de salvar la pieza. A simple vista,
extraer un diente muy dañado por la caries, puede parecer más económico
que someterse al costoso tratamiento del conducto radicular, pero recuerde
que aún el puente dental mejor hecho, no reemplaza adecuadamente los
dientes que la naturaleza le dio. Cuando una pieza ha sido extraída, la
estabilidad de las adyacentes termina por perderse, ya que ahora la presión
al masticar, debe ser soportada por las piezas donde se ha fijado el puente.
Si
ya ha perdido algunos dientes, los recubrimientos de porcelana y las coronas
de oro, pueden ser esenciales como soporte para un puente. Pero sea muy
cauteloso si el dentista trata de convencerlo para restaurar alguno de los
dientes anteriores solo para mejorar el aspecto de su sonrisa. Este trabajo
consiste en recortar y esmerilar cada diente, para poder pegar una corona
artificial sobre el raigón. Con esto se debilitan las piezas y se tornan
exageradamente sensibles a las temperaturas extremas. Y lo que es peor, los
bordes de las incrustaciones, pueden atrapar partículas de alimentos,
formando así un medio de cultivo para las bacterias que causarán caries o
enfermedad de las encías.
Si
los dientes anteriores están deformes, rayados o fracturados, los dentistas
disponen en la actualidad de un procedimiento llamado restauración estética
o relleno o aumento del diente con Nuvafil ( Resina ). Al esmerilar solo una
mínima parte de la capa exterior del esmalte dental, pueden darle nueva
forma al diente y le dan un mejor aspecto sin verse artificial. Y si por
fractura se ha perdido un gran pedazo del diente, tienen métodos para
restaurar la forma original, aplicando sustancias plásticas casi imposibles
de identificar aún con el examen mas minucioso.
La
mejor prueba para saber si ha encontrado un buen dentista, será el énfasis
que él le de a la prevención de su dentadura, más que a la curación de
ésta. Por ejemplo, en su primera sesión de tratamiento, es probable que
use una solución colorante que tiñe temporalmente los dientes y revela la
placa bacteriana que se ha formado sobre ellos, causante de las caries.
Después, raspará por completo esta sustancia nociva, escarbando
cuidadosamente entre los dientes y bajo los bordes de las encías para
asegurar su eliminación total. Por último, le enseñará la forma de
utilizar esta solución, cómo cepillarse y usar apropiadamente la seda
dental con regularidad, como una forma de prevenir la acumulación de la
placa.
Muchos
dentistas no se contentan con descubrir la caries visible. Al recubrir los
dientes con ciertos selladores plásticos transparentes, de reciente creación,
pueden evitar que las fosas y fisuras diminutas, crezcan hasta convertirse
en verdaderas cavidades.
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