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De Redes, Intermediarios, Profesionales y Políticos Dra.
Silvina Capellino (Argentina) Desde
hace algunos años venimos escuchando declamaciones de colegas, exhortaciones de
entidades gremiales profesionales, retóricas de políticos y quejas de madres,
sobre la realidad que nos toca vivir a los odontólogos. La
drástica caída en los ingresos de los profesionales, la falta de trabajo, la
presión de los financiadores, las
exigencias desmedidas de los pacientes, la amenaza permanente de juicios de mala
praxis, el manejo perverso de los auditores, la venta de la dignidad realizada
por muchos profesionales, la falta de compromiso de dirigentes políticos, o el
gran negocio realizado por muchos intermediarios, son algunos de los argumentos
más escuchados. Todo
esto es una realidad que nadie podría cuestionar. Pero, ¿ Cómo hemos llegado
a esta situación? ¿ Quiénes son los responsables?, ¿ Qué debemos y podemos
hacer para revertir esta situación? Mi
pasado me condena Si
bien la odontología, como componente de sector salud, no escapa al proceso
vivido por todo el mercado sanitario y la economía en general, durante años,
los odontólogos hemos negado esta realidad y continuado con nuestra práctica
privada, nuestras investigaciones sobre materiales dentales y la indiferencia
ante la falta de ética de muchos colegas. Hoy
es muy simplista despotricar contra quienes dictan las reglas de juego, cuando
históricamente hemos dejado un vacío de poder, permitiéndoles ocupar esos
lugares. La
triste realidad El
escenario que nos rodea no es muy alentador: desfinanciación de las Obras
Sociales, demora en la regulación de las entidades de Medicina Prepaga, aumento
del costo médico, crisis económica. Dentro de este escenario existen variables
que escapan a nuestro control y nos influyen directamente y existen otras que si
podemos modificar. Este es el momento de sincerar nuestros actos, ser coherentes
con ellos, y exigir a quienes toman las decisiones la misma actitud, siempre y
cuando nos pongamos de acuerdo hacia donde queremos llegar. Nosotros
también compartimos el deseo de una profesión independiente, con una relación
personal con nuestros pacientes, el pleno control profesional de la terapéutica
a aplicar, la libertad de elección por parte de los pacientes, y la no
restricción económica. Es probable que en veinte años lo logremos, lo
concreto es que la realidad va en la dirección opuesta. La
tendencia indica que dentro del área de la salud el camino elegido es el de
reducir drásticamente la oferta prestacional y concentrar poblaciones en
megafinanciadores y redes prestacionales, presionando a pequeños financiadores
y profesionales. ¿Esto
es bueno?. ¿Es malo ?, no lo sé, esta es la realidad. Los números así lo
indican tanto para el subsector Privado, Estatal o de la Seguridad Social. Las
grandes paradojas ¿?
¿
Podemos decir? No hay trabajo para los odontólogos! Según datos sanitarios, sólo
un porcentaje mínimo de la población accede a la atención odontológica y la
distribución de la oferta profesional no posee relación con la distribución
poblacional. ¿?
El
ingreso por el trabajo profesional es bajo... ¿bajo con respecto a qué? ¿ A
nuestros ingresos pasados?, ¿ A nuestros costos y gastos?, ¿ A nuestras
expectativas?. Faltan estudios serios sobre costos prestacionales o
costo-eficiencia de las prácticas. No existe conciencia empresarial en el
manejo de nuestras empresas personales, la profesionalización odontológica no
va acompañada por la administrativa/contable. ¿?
Podemos
reclamar libertad de acción, cuando las diferencias de criterio entre los
colegas son tan amplias. El individualismo reinante o la crítica constante a
los trabajos realizados por nuestros colegas hacen difícil este reclamo. ¿?
Los
intermediarios ofrecen soluciones cuestionables a la realidad del mercado. Pero,
¿ estamos en condiciones de garantizar calidad y excelencia prestacional con
los limitados recursos existentes? ¿ Continuaremos realizando una odontología
para ricos? ¿?
La
tan ansiada libertad de elección profesional, es posible en un escenario tan
poco claro, donde la asimetría de la información profesional / paciente es tan
marcada, donde la acreditación, categorización o la regulación del trabajo
odontológico es casi inexistente. ¿?
Los
conceptos de calidad y excelencia prestacional, ¿ tienen incorporado un análisis
serio de costo eficiencia de las prácticas?, ¿ Toman en cuenta el principio de
justicia distributiva? La plena satisfacción del cliente ¿ debe ser un parámetro
central o solo una consecuencia de la práctica correcta? La necesidad de
tratamiento, ¿ posee un fundamento epidemiológico o está solo concentrado en
la técnica? ¿?
Es
correcto emprender una lucha corporativa, sin previo depuramiento ético/profesional
y sin separar intereses personales de intereses profesionales. ¿?
Es
posible mantener el concepto de Salud separado del concepto negocio, y utilizar
este como principal argumento para la justificación profesional, cuando la
imagen instalada en la sociedad sobre la profesión odontológica es la de
comercio/negocio/rentabilidad, alimentada por un mercado odontológico tendiente
a la superespecialización, la estética y el consumo. ¿?
Podemos
cuestionar las normas de Auditoría desde una posición individual, sin tener en
cuenta el carácter universal que ellas tienen y el origen de las mismas como
normas correctivas ante desvíos de nuestros colegas. ¿?
Es
lógico plantear conjuntamente, el pago de coseguros, mayor responsabilidad de
los pacientes, aumentos de aranceles, libertad de elección, ampliación de la
cobertura, y la obligación de cobertura odontológica por parte de las
empresas. El
rumbo perdido ¿
Debemos adaptarnos a los cambios o debemos combatirlos? ¿ Estamos seguros que
sabemos donde queremos llegar? Es
bastante más fácil describir la realidad, que plantear una estrategia de acción
a partir de la interpretación del deseo de todos los profesionales odontólogos.
Las diferentes realidades, los intereses creados y el individualismo complica
todo aún más. Tratando
de clarificar el escenario, existen cuestiones de fondo que se deberíamos
considerar. Los actores principales que intervienen en el acto odontológico son dos:
Esto
fue así durante muchos años, pero con el advenimiento de las Obras sociales,
los seguros médicos y las medicinas prepagas se suma otro importante actor:
La
participación del financiador en el acto profesional trajo aparejado diversos
cambios que absteniéndonos de emitir juicio de valor, influyen directamente en
la práctica odontológica. El
principal problema que introdujo este nuevo actor no fue, a diferencia del creer
popular, el mercantilismo o las restricciones normativas; sino el concepto de
competencia salvaje, dentro de un mercado sin reglas claras de juego y sin la
preparación adecuada de todos los actores. Esta
competencia obligó a los financiadores a ofrecer todo a cambio de muy poco,
cortar el hilo por el lado más delgado (los profesionales) y llevo a tomar
medidas correctivas unilaterales para intentar controlar el gran desvío en los
costos, sin el correspondiente control gubernamental. Si
compartimos que este es el problema central, encontraremos que las soluciones no
dependen exclusivamente de financiadores, aranceles o cartillas. Entonces
llegamos a introducir dentro del esquema un nuevo actor y el escenario que lo
contiene.
El
camino Entonces,
¿ cuál es la dirección que debemos tomar? A nuestro criterio, como primer
paso, ordenar nuestra casa. Esto
incluye tanto el aspecto asistencial, como , dependiendo del autor, el
gerenciamiento, management, dirección, conducción, etc. El
aspecto asistencial comprende no solo la definición de planes de tratamientos,
estandarización de las prácticas, unificación de criterios, determinación de
necesidad de los tratamientos, sino también la búsqueda de alternativas de
atención para la población hoy marginada. Dentro
del gerenciamiento deberíamos incluir la profecionalización de tareas tales
como administración, planeamiento, marketing, control de gestión, comunicación,
etc... Con la finalidad de adecuar la oferta de servicios a la realidad
sanitaria del país y sobretodo determinar los parámetros necesarios para la
acreditación, certificación, categorización de profesionales como también la
confección de indicadores de utilización y de calidad de los sistemas actuales
de prestación. Esto es vital para la definición de estándares y el desarrollo
del concepto de costo/efectividad. Una
vez alcanzado esto, nos encontraríamos en condiciones de plantear
profesionalmente alternativas de cobertura, ante financiadores, políticos y
pares. Estas
exigencias deben surgir del seno profesional y apuntar a ofrecer a cada uno de
los actores pareticipantes, herramientas concretas para producir el cambio
buscado. Las
condiciones que impone el mercado parecen inamovibles. Pero es necesario
entender que el fracaso del sistema se encuentra oculto dentro de su misma
premisa. “La satisfacción plena del cliente”. Esto lleva a confundir
demanda con necesidad, distrayendo los escasos recursos hacia prácticas y
acciones provocadas por una demanda distorsionada. Es claro que en todos los aspectos existen excesos y deben ser marcados, denunciados y corregidos, pero no podemos ser cómplice, juez y parte. Y por sobretodo no podemos buscar la paja en el ojo ajeno si poseemos una viga en el propio. Debemos entender que lo que está aquí en juego es la salud y no la estética, la profesión y no el negocio. Hasta que no entendamos esto, va a ser muy difícil que algo cambie. |