Es
probable que Ud. haya experimentado en alguna ocasión, luego de poner lo
mejor de sí y tras intentar explicar de la manera más sencilla posible un
determinado asunto, que la persona que le está escuchando lo haya mirado con
cara de no haber entendido absolutamente nada, que le repregunte sobre lo que
Ud. ya habló en detalle o que le exprese algo que no viene al caso.
Por
ejemplo, cuando luego de haberle explicado paso a paso, a un paciente sobre lo
que consiste el tratamiento de endodoncia, "que se busca retirar la pulpa
dentaria inflamada y necrótica, limpiar y desinfectar prolijamente el
conducto radicular y preparar internamente la pieza dentaria, para luego
rellenar el espacio que ocupaba la pulpa con un material
biocompatible"... su paciente le diga ... " ¡Ah, me va a matar el
nervio! ¡ Eso es horrible! " o cuando después de muchas "llamadas
de atención", un paciente sigue llegando muy tarde o sencillamente no
acude a las citas previamente pactadas.
Lo
que sucede es que vivimos en una sociedad sobre comunicada, en la que
es común que inconscientemente escuchemos solo lo que nos interesa y nos
protejamos de la avalancha de información que circula por todas partes.
Esto
es lo que Al Ries y Jack Trout denominan "El asalto de la mente",
que se manifiesta por ejemplo, cuando observamos que en una caja de
hojuelas de maíz existen 1268 palabras impresas, que en Estados Unidos se
usen 45 kilos de papel impreso por persona al año, que uno necesitaría más
de 28 horas leyendo a una velocidad de 300 palabras por minuto, para leer
íntegramente la edición dominical promedio de un diario cualquiera.
Ante
esto, que se repite y aumenta día a día en todos los ámbitos, muchas veces
es más cómodo e incluso aconsejable "apagar nuestros oídos" y
cerrar los ojos. Y enfocar solo en aquello que nos interesa, nos sirve o que
nos llama la atención.
Por
supuesto que esto no explica todas las situaciones en las que aparentemente
existe un problema de comunicación entre dos personas, pero es un fenómeno
innegable de las últimas décadas, que debemos conocer y enfrentar.
Por
eso, es aconsejable que si desea ofrecerle a su paciente un
tratamiento con implantes, le muestre por lo menos unas figuras muy bien hechas y
sumamente explicativas acerca del proceso, que entregue a sus pacientes
folletos educativos con la información resumida al máximo, que su material
promocional sea simple, conciso y original, por citar algunos ejemplos
prácticos y aplicables a nuestro qué hacer profesional.
Por
otro lado, Ud. mismo debe ser consciente de que siempre debe estar muy atento,
abrir bien los oídos y observar con detenimiento al paciente que nos visita y
nos comenta sobre algún problema bucal y aprender a escucharlo, para poder
ofrecerle y finalmente brindarle aquello que desea y por lo que está
dispuesto a pagar.
Nuestra
práctica profesional y nuestra vida en sociedad se basan y fundamentan en la
comunicación: Aprendamos a comunicarnos efectivamente con nuestros
pacientes, entendamos lo que nos quieren decir y sepamos cómo expresarles lo
que necesitamos que entiendan.
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